El proceso terapéutico en APCI

(En sesiones individuales)

Esta terapia combina los aspectos psíquico – físicos del paciente integrando en cada sesión la palabra (emoción verbal) y el cuerpo. 

Las primeras sesiones se centran en escuchar cuáles son las demandas por las cuales acude la persona a la consulta, hacer una observación corporal del paciente para ver las posibles desviaciones respecto al eje anatómico, así como los diversos cortes energéticos producidos transversalmente en relación a dicho eje. En definitiva, se trata de observar de qué forma han afectado al cuerpo las distintas situaciones traumáticas y conflictivas sufridas a lo largo de toda su existencia que nos permite poder hacer un primer diagnóstico y establecer así, la estrategia terapéutica a iniciar.

En las sesiones se combina la parte verbal o emocional, incluyendo también los sueños, y el cuerpo. Las sesiones suelen empezar con el paciente expresando sus necesidades, angustias o conflictos en los que está inmerso y en vías de solucionar, luego de haber abordado el conflicto verbalmente pasamos al trabajo corporal para desinhibir y liberar aquello que en el cuerpo está reprimido en forma de contracturas o tensiones musculares, bloqueos energéticos,… Al liberar el cuerpo de esta tensión es cuando empezamos a movilizar esos sentimientos, emociones reprimidas, pulsiones que han quedado guardadas en el inconsciente y que están gobernando nuestra vida para pasar a su integración, transformación…

La terapia en APCI, fundada por Angel Bonet, tiene en cuenta aspectos del psicoanálisis de Sigmund Freud, aspectos de la psicología arquetípica y de Carl Jung, las estructuras de carácter de Wilhelm Reich, algunos aspectos de la terapia Bioenergética de Alexander Lowen y sobretodo a nivel corporal el método de Françoise Mezieres para el desbloqueo de la cadena posterior, entre algunas otras disciplinas como la visión de Stanley Keleman sobre el cuerpo tubular, entre otros. así pues, la terapia en APCI es una amalgama de distintas corrientes filosóficas y psicológicas que interactúan perfectamente entre ellas.

Las sesiones corporales se realizan normalmente con el paciente estirado en posición supino (boca arriba). El terapeuta observa su frecuencia y amplitud respiratoria y el grado de contacto de su columna vertebral con el suelo para luego proceder a su recolocación postural. Es a través principalmente del estiramiento de las cadenas musculares posteriores, que actúan de freno a todas estas emociones reprimidas pues son las primeras que acortamos para inhibir un llanto, una emoción, añadiendo a esto, técnicas de respiración, de descarga, expresión de voz, etc. como podemos ir liberando todas estas emociones reprimidas, integrarlas, darle espacio y no rechazarlas, adquirir mayor conciencia corporal, recuperar el tono vital y elasticidad, lograr un reequilibrio en el sistema nervioso neurovegetativo, aumentando el sistema inmunológico y con ello las defensas del organismo, el nivel de respiración y oxígeno en la sangre, etc. 

Los tiempos actuales y el ritmo de vida frenético, el stress, la presión que ejerce inconscientemente la propia cultura patriarcal sobre la persona, ya sea hombre o mujer, el alto grado de competitividad y nivel de exigencia además del propio conflicto o herida principal que traiga consigo la persona por el mero hecho de haber nacido y haber convivido dentro de un núcleo familiar con sus fallas y en algunos casos por la propia ausencia o abandono físico o emocional de sus progenitores, habiendo podido generarle traumas, conflictos, complejos, inseguridades, angustias, fobias, etc. influyen negativamente en su cuerpo y psique. La mayoría de enfermedades actuales, por poner un ejemplo, la fibromialgia o el síndrome de fatiga crónica (SFC), son debido a la presión que tiene que soportar la mujer para poder afrontar su día a día, provocados involuntariamente por una sobre o autoexigencia a la que se somete para poder llegar a todas partes, cumpliendo satisfactoriamente en todos los ámbitos de su vida, contentando a todos, hogar, trabajo, familia, esposo, etc. negándose a sí misma y sacrificando su bienestar o salud.   Así, comprensiblemente se produce un desequilibrio en el sistema nervioso neurovegetativo o involuntario, por una alteración del sistema nervioso simpático en detrimento del parasimpático o vago. Digamos que la enfermedad viene para poner el límite que la propia persona no es capaz de poner a su existencia.

El echo de vivir reprimiendo sus emociones, no es más que reprimir su modo de ser y estar en el mundo en relación consigo mismo y los demás, esto ocasiona en la mayoría de casos otro displacer distinto pero al fin y al cabo displacer, pues en la mayoría de casos la persona no es capaz de expresar todo su potencial emocional lo que de algún modo le hace vivir en su propia “jaula de oro” en donde la enfermedad hace su aparición. Digo jaula de oro porque de algún modo lo ha protegido hasta el momento pero si ha llegado hasta la consulta es porque en definitiva se ha cansado de vivir enjaulado, pues por más hermosa y dorada que sea una jaula y por más protección y seguridad que nos brinde no deja de ser una jaula y es solo con la ayuda de su terapeuta, y una vez se haya establecido una buena relación empática entre ambos, cuando éste podrá ir traspasando esas barreras que de algún modo lo habían protegido hasta el momento y salir, pues todo ser humano por el mero hecho de haber nacido tiene derecho a ocupar un espacio, a mostrarse como es y a vivir en libertad y armonía.

Vivimos en una sociedad en la que pedir ayuda o reconocer que no podemos hacerlo solos nos hace sentir fracasados, débiles, desempoderados. Cuando en la mayoría de casos pedir ayuda nos hace salir reforzados pues no olvide el dicho: “es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga que llevamos dentro”… y esa es precisamente la labor de su terapeuta, ayudarle a ver esos aspectos que usted no puede ver por usted mismo/a pues han quedado ocultos en la sombra de su inconsciente para que pueda salir reforzado de esta experiencia.

Para más información…

 Más información en: efarga@centreapcigirona.com o llamando al teléfono 636.144.222.

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